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NO SOY TU CHOLO

Marco Avilés  

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Fragmento

Índice

No soy tu cholo Dedicatoria Epígrafe Prólogo Cholo frente al mundo El congresista más limpio ¿Dónde estudiaste periodismo? Cómprate tu carro, misio Esta ciudad se ha levantado temporalmente sobre terreno privado La muralla de Lima Salón de clases Color puerta Españoles Un Thriller andino Si fueran blancas Posguerra Fetichismo tardío The new sexy Juanita Gente marrón Pistoleros El lenguaje de los dientes La Parada a otro lado ¿Con qué autoridad? No hagan laberinto No soy tu cholo Agradecimientos Sobre el libro Sobre el autor Créditos

A Lucy, Elena y Zoila Avilés, mis cholas favoritas

Cholo, la

Recibe antes que nadie historias como ésta

1. Mestizo de sangre europea e indígena.

2. Dicho de un indio: Que adopta los usos occidentales.

DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA

Cualquier escritor, al mirar atrás [...], entiende que

las cosas que lo hirieron y las cosas que lo ayudaron

no pueden divorciarse las unas de las otras.

James Baldwin. NOTES OF A NATIVE SON

Prólogo

Un amigo mexicano me preguntó de qué trata este libro. Le intrigaba el título. Íbamos en mi automóvil por la carretera 4, camino a una clínica, en Maine. Roberto es uno de los tantos granjeros inmigrantes en este sector del imperio que necesitan intérpretes para comunicarse con sus doctores. Tiene sesenta años, canas bien peinadas hacia atrás, mocasines de caballero antiguo y lleva la camisa adentro del pantalón. Parece un profesional jubilado y no alguien que pasa seis días a la semana barriendo caca de gallinas en una fábrica de huevos. El séptimo día, cuando debería descansar, va de médico en médico tratándose las secuelas físicas de ese trabajo.

El libro contiene historias sobre cómo nos tratan a los cholos en el Perú —le conté—; también sobre cómo los cholos nos tratamos entre nosotros. Roberto volvió la cabeza y me miró como si le hubiera dicho una mentira.

—Usted no es un cholo —dijo con rotundidad.

Él nació y vivió en Ciudad Juárez, ese mundo de frontera tomado por narcos y sicarios, de donde había escapado hacía una década, amenazado de muerte. Jamás ha subido a un avión. Nunca ha viajado al sur. ¿Qué sabía un mexicano como él sobre los cholos peruanos como yo? Enseguida me lo explicó. En su tierra, se llama cholos a cierto tipo de gánsteres jóvenes mal vestidos con pantalones anchos y collares llamativos.

—No soy ese tipo de cholo —le dije

—Ah, pues, ya decía yo.

—Allá, en mi país, nos llaman cholos a los mestizos, a los que tenemos de blanco e indígena, a los que bajamos desde las montañas a la ciudad.

La carretera 4 es un pasadizo de asfalto entre gasolineras, malls y fast foods. Un peruano y un mexicano hablando de gánsteres e indígenas, en aquel paisaje, parecía el inicio de una película de Robert Rodríguez. Solo faltaba que un gringo asomase con una metralleta por la ventana de su camioneta 4×4 para acribillarnos. La realidad es más amable que la imaginación.

—Me va a disculpar —dijo Roberto cambiando de tema con la elegancia de un hombre sencillo—. Prefiero hablar de gallinas.

Pasé muchos días pensando en esa breve charla lingüística. Cholo tiene significados distintos en México y en el Perú, pero un espíritu común los hermana. Cholo es un insulto. Una herramienta para segregar. ¿Dónde nació esa palabra? ¿En qué región del continente se choleó primero? Los eruditos dicen que cholo viene del náhuatl, la antigua lengua de los aztecas. Significaba «perro, sirviente, esclavo». Los conquistadores españoles la llevaron consigo al Perú, donde les sirvió como un arma contra los vencidos. La historiadora María Rostworowski, que se consideraba una chola polaca, afirmaba que cholo vino de cholu, un término de la lengua moche que quería decir joven, muchachito. Los españoles lo recogieron al recorrer las costas del Imperio incaico y la emplearon contra sus conquistados. La siguiente teoría es un sacrilegio personal. Si la palabra existía desde mucho antes, ¿es posible que los incas hubieran choleado primero?

Cholo es un término tan antiguo como las momias y las fortalezas prehispánicas. Pero, a diferencia de las naciones extintas y sus ruinas, las palabras son seres más duraderos. Se heredan. Pasan de generación en generación y le dan forma a lo que somos. Medio milenio después de la Conquista, los peruanos de hoy hemos construido nuestro país alrededor de esa palabra. El Perú es el amor-odio entre blancos y cholos. Las palabras fruto de esta relación las decimos o nos las dicen a diario: cholo de mierda, serrano, indio, mezclado, marrón, chuncho, alpaca, sucio, color puerta. El verbo cholear es un aporte peruano al diccionario, y nos ayuda a entender quiénes somos y qué papel jugamos dentro de nuestra sociedad racista y virreinal. Si puedes cholear, tienes poder. Si te ch ...