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JUEGO DE TRONOS PARA LOS NEGOCIOS

Tim Phillips   Rebecca Clare  

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Fragmento

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INTRODUCCIÓN

Bran: “Me desagradan tus relatos”.

Vieja Nan: “Conozco uno acerca de un niño al que le desagradaban los relatos”.

Si nunca has visto Juego de tronos, podrías estar perdiéndote de algo más que simple entretenimiento. Una historia de sexo, peleas de espadas y monstruos de hielo montada en una especie de Europa medieval tal vez no sea el lugar más obvio al que acudir cuando esperas avanzar en tu carrera. Tiene muchos seguidores, pero igualmente gran cantidad de gente se habrá apartado de ella por el hecho de estar situada en un reino fantástico, presentar sexo y escenas sangrientas gratuitas y personajes cuyos nombres parecen anagramas. Y sí, en las manos equivocadas este relato podría fácilmente haberse convertido en una ridícula y cursi pieza de pornografía ligera con dragones, pero no es eso lo que tenemos; por el contrario, es un drama complejo y emocionante de ambición, engaño, valentía, triunfo y desastre, lo cual lo hace una excelente fuente de consejos sobre la construcción de carrera, el liderazgo y cómo hacer negocios.

Independientemente de lo que sientas por los dragones, con Juego de tronos, como con tanto en la vida, te quedas por las historias, y estas historias nos pueden ayudar a darle sentido a nuestras propias vidas. Como explica el biólogo William Calvin en un artículo de 2006 sobre “El origen de la inteligencia”: “Nuestra capacidad para planear se desarrolla gradualmente a partir de las narrativas de la infancia y son una base importante para tomar decisiones éticas; mientras imaginamos un curso de acción, imaginamos sus efectos en los demás y decidimos hacerlo o no”. Entonces, no aprendemos de lo que nos dicen, sino de lo que hacemos y observamos, y al entender lo que sucede después. Aprendemos creando historias a partir de nuestra experiencia. Pero cuando crecemos y vamos a la universidad y luego obtenemos un trabajo de oficina, ¿qué nos ofrece el mundo para darle sentido a la vida?

PowerPoint, eso tenemos. PowerPoint es la antihistoria. Entramos en una sala. Alguien lee lo que dicen treinta diapositivas que parecen ser puras listas. Algunas veces aparecen mágicamente, un tedioso punto tras otro, con tanto suspense como cuando se ve gotear una llave. Algunas veces las listas tienen pequeñas sublistas, las cuales llevan sus propias subsublistas miniatura. Las listas miniatura están en itálicas; nadie te dice por qué. Algunas veces habrá diagramas importantes que intentan contar una historia, pero no tienen sentido.

Una historia decente tiene lo que Chris Anderson, el hombre que creó las pláticas TED (y por lo tanto alguien que sabe de contar historias), llama el “momento eureka”: el placer que produce descubrir algo por nosotros mismos, darnos cuenta de algo sin que alguien nos lo diga. La niebla se le

Recibe antes que nadie historias como ésta