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DIS-TINTA

Ricardo Liniers  

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Fragmento

ÍNDICE

Prólogo, por LINIERS

Tinta y después, por MARTÍN PÉREZ

MAX AGUIRRE Discépolo

CLARA LAGOS Mamá de mamá

JUAN SÁENZ VALIENTE La madre de todas las desgracias

(con guión de Hernán Casciari)

MARÍA LUQUE Una invitación

KIOSKERMAN Un poco de paz

FRANK VEGA Electromiograma con el Diablo

FERNANDO CALVI Altavista

SOLE OTERO Cables

FRAN LÓPEZ Mar Chiquita

BRIAN JANCHEZ El robot gigante del rabino

ARIEL LÓPEZ V. Un triángulo perfecto

EZEQUIEL GARCÍA Servicio con inteligencia emocional

ERNÁN CIRIANNI Mucho mundo

FEDERICO PAZOS Peluca

(con guión de Nicolás Esperante)

PABLO TUNICA Paraná

LUCAS NINE Cabaret del infierno

SÉMOLA SOUTO Parkelandia

SALVADOR SANZ Esqueleto

Recibe antes que nadie historias como ésta

LUCAS VARELA Conejos al escabeche

(con guión de Diego Agrimbau)

MARCOS VERGARA Animales

(con guión de Rodolfo Santullo)

ÁNGEL MOSQUITO Vitamina potencia

(con guión de Federico Reggiani)

DELIUS Volver a verte

JORGE GONZÁLEZ Fueye (fragmento)

MARIANOENELMUNDO Suárez (fragmento)

DECUR Inquilinos

GATO FERNÁNDEZ Historia de una nena y Dios

DANTE GINEVRA Espíritu de cuerpo

(con guión de Diego Agrimbau)

CAMILA TORRE NOTARI Furia en el centro de la tierra

PABLO VIGO Era una noche tormentosa

DANIELA KANTOR El salmón

(con guión de Arekasadaro)

GUSTAVO SALA Una página nueva

POLACO SCALERANDI El Capitán Cortesía

AYAR BLASCO Los marcianos nerds

Epílogo, por LINIERS

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Ha realizado portadas de discos, etiquetas de vino e ilustraciones de tapa para The New Yorker. Sus dibujos aparecen por todos lados, y él también: ha salido de gira con el músico Kevin Johansen y también de stand up a dúo con el dibujante Alberto Montt. Ricardo Siri empezó a firmar como Liniers desde su primer fanzine, Bonjour, nombre de la tira semanal con la que debutó en 1999 en el suplemento “No” del diario Página/12. Desde 2002 publica diariamente su tira Macanudo en La Nación, que también se puede leer semanalmente en El País de España. Tiene más de treinta libros publicados en todo el mundo, entre los que figuran —además de las recopilaciones de sus tiras— títulos como Conejo de viaje (2008), Soñadores (2011), con Albert Pla, y espera terminar pronto su adaptación de Bola negra, de Mario Bellatín. Fanático del género y entusiasta difusor, junto a su mujer Angie fundó en 2008 la Editorial Común, dedicada a las historietas. Desde 2016 viven en Vermont, Estados Unidos, con sus tres hijas.

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Fanático del humor y la historieta desde muy chico, recortaba y armaba sus propias colecciones caseras, llegando a revolver los diarios viejos del edificio donde vivía con su familia —para desesperación de su madre— buscando completar su colección de El Loco Chávez. En todos los medios en los que trabajó, siempre se preocupó por escribir sobre el género y sus autores. Periodista especializado en cultura popular y masiva durante casi tres décadas, fue uno de los fundadores tanto de FM La Tribu como de la revista La Mano, y sus artículos forman parte de los libros colectivos Los Redondos (1992), Las mejores entrevistas de Rolling Stone (2006) y Cine Argentino 90/08 (2008). Publicó La vida es otra cosa: los poemas de Piso 93 (2016), donde compila textos escritos a fines de los ochenta para el programa de culto de la FM Rock & Pop, su primer trabajo en los medios. Actualmente es uno de los editores de “Radar”, suplemento cultural del diario Página/12, y su indulgencia preferida es mantener activo su programa de radio online Música cretina.

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Tinta y después

Por MARTÍN PÉREZ

La historieta argentina debería estar muerta. No se trata de un deseo ni de una maldición, sino apenas la resignada constatación de una realidad de pantallas cada vez más pequeñas, imágenes cada vez más veloces y capacidad de atención cada vez más volátil. Con el prepotente y renovado asedio de la cultura de la imagen, un medio basado en el dibujo en dos dimensiones y una narrativa secuencial pero estática debería ser algo condenado al olvido. O, en el mejor de los casos, simplemente a la nostalgia. Pero no. Acá está. Sigue viva. Y uno se siente tentado de decir que está más viva que nunca. Porque ya hay más de una generación de nuevos historietistas argentinos que mantienen su vitalidad bien entrado el nuevo siglo, y lo han hecho en sus propios términos. Apropiándose de las redes sociales, por ejemplo, para subsanar el problema de la distribución y el acceso a sus potenciales lectores, pero sin dejar de contar sus historias con globos y cuadritos.

Si no se puede decir que está más viva que nunca es porque la historieta local ha disfrutado de más de una época de oro, ya sea por el impulso de una industria pujante o apenas por la vitalidad de ciertas generaciones de creadores entregados a su vocación. Después de todo, en la Argentina siempre hubo revistas de historietas para

leer y dibujantes para exportar. Pero, mucho antes de la crisis de los formatos tradicionales generada por la explosión de Internet, cuando en la última década del siglo pasado desaparecieron las editoriales que habitualmente ponían las historietas en el kiosco, los futuros dibujantes, lejos de resignarse a hacer otra cosa —o mientras sobrevivían haciendo justamente esa otra cosa—, comenzaron con sus estrategias de resistencia.

Sin mercado y sin revistas, apenas con la fuerza de su legado, la historieta argentina logró mantenerse con vida. Lo hizo primero gracias a los fanzines, que crearon una comunidad (o varias en una, teniendo en cuenta su enorme dispersión y variedad de intereses y referencias), y después apelando a los blogs, que permitieron ampliar los límites de esas comunidades. Aunque esa generación no tuvo revistas tradicionales de historietas donde formarse, terminó sin embargo haciendo libros donde compilaron todo el material producido para esos otros medios alternativos y, si bien casi ni lograron ganarse un lugar en las librerías, sirvieron para seguir ampliando el sentido de comunidad, distribuyéndose en comiquerías, ferias y muestras a la par de los fanzines. Y así fue como terminaron sobreviviendo lo suficiente para alcanzar a una nueva oleada de fanzineros (y fanzineras) que mantuvieran encendida la llama.

Cuando nos sentamos con Liniers a pensar en este proyecto, sabíamos que queríamos reunir la mayor cantidad de representantes de esa primera generación que había mantenido viva a la historieta argentina en el nuevo siglo. Tomamos como cierre de la tradición local del siglo pasado a cinco autores fundamentales a modo de referencia: Podeti, Pablo Fayó, Pablo Sapia, Diego Parés y  Max  Cachimba.  Los  denominamos  como  Los

Suélteme, por el título de la efímera y fenomenal revista en la que los primeros de ellos reunieron todo su amor por la historieta como evasión, expresión y sublimación feroz. Y, con todo el dolor del alma, decidimos que quedaban más allá de la línea imaginaria que trazamos como comienzo de esa nueva era. Fueron nuestro faro, pero justo por eso tuvimos que soltar a Los Suélteme, aceptar que no podíamos contar con ellos.

De ellos para acá, hay lugar para todos y todas en este volumen al que bautizamos como DisTinta. Fanzineros delirantes, dibujantes introspectivos, profesionales exitosos y siguen las firmas. Todas las necesarias para abarcar la vibrante actualidad de los integrantes de una generación que a esta altura, al menos desde dentro de esa comunidad de nuevos historietistas, está llena de nombres consagrados. Pero, para quienes miran desde afuera, son apenas dueños de universos aún por descubrir. Autores que no disfrutaron de ese mundo en el que había revistas de historietas en los kioscos, aunque son responsables de que en el nuevo siglo las historietas no solo sigan y ocupen cada vez más lugar en los diarios, las revistas y en las redes, sino que conquisten nuevos lugares —como este libro— donde narrar entre globos y cuadritos.

Un par de consideraciones más antes de dejar que se pierdan en las páginas que siguen. La primera, ...