Loading...

CON TODO, CONTRA TODOS

José Carlos Yrigoyen  

0


Fragmento

Índice

Portadilla

Dedicatoria

ESTO EMPIEZA ASÍ

MÉXICO 70

El ascenso de Didí

Masacre en el Maracaná

Perú 1 – Argentina 0

Bolivia 2 – Perú 1

Perú 3 – Bolivia 0

Argentina 2 – Perú 2

Los amistosos socialistas

Perú 3 – Bulgaria 2

Perú 3 – Marruecos 0

Alemania Federal 3 – Perú 1

Brasil 4 – Perú 2

ALEMANIA NO CREE EN LÁGRIMAS

La primera gira de los tres continentes

El difícil señor Scarone

Perú 2 – Chile 0

Chile 2 – Perú 0

El partido de Montevideo: Chile 2 – Perú 1

Recibe antes que nadie historias como ésta

LA COPA AMÉRICA 1975

Una amenaza oficial

Chile 1 – Perú 1

Bolivia 0 – Perú 1

Perú 3 – Bolivia 1

Perú 3 – Chile 1

Brasil 1 – Perú 3

Perú 0 – Brasil 2

Colombia 1 – Perú 0

Perú 2 – Colombia 0

La final de Caracas: Perú 1 – Colombia 0

ARGENTINA 78

Entre Quiroga y Ballesteros

Ecuador 1 – Perú 1

Chile 1 – Perú 1

Perú 4 – Ecuador 0

Perú 2 – Chile 0

Mexicanos y tarántulas

La liguilla de Cali

De tumbo en tumbo

Perú 3 – Escocia 1

Perú 0 – Holanda 0

Perú 4 – Irán 1

Brasil 3 – Perú 0

Polonia 1 – Perú 0

Argentina 6 – Perú 0

ESPAÑA 82

Chiarella y sus chiarellazos

Llega Tim

Colombia 1 – Perú 1

Perú 2 – Colombia 0

Uruguay 1 – Perú 2

Perú 0 – Uruguay 0

Días de victoria

La segunda gira de los tres continentes

Cenizas y diamantes

Perú 0 – Camerún 0

Perú 1 – Italia 1

Polonia 5 – Perú 1

EL HUNDIMIENTO

La Copa América del 83

Las tribulaciones de Moisés Barack

Colombia 1 – Perú 0

Venezuela 0 – Perú 1

Perú 0 – Colombia 0

Perú 4 – Venezuela 1

Perú 1 – Argentina 0

Argentina 2 – Perú 2

El repechaje con Chile

LA ÉPOCA OSCURA

El futuro diferente

Pepe o la atracción del abismo

La ansiedad de Balán

Popović y las matemáticas

Oblitas: auge, pasión y caída

Los sueños de Maturana

La hora de Uribe

Autuori: el barrio contra mí

Ternero o el fracaso de la voluntad

La rebelión de Navarro

Chemo de Solar y el último círculo

ESTAMOS DE VUELTA

La cólera de Markarián

Bengoechea, el breve

La gesta de Gareca

Sobre este libro

Sobre el autor

Créditos

ESTO EMPIEZA ASÍ

Pertenezco a una especie de ritos invariables e incurables: soy un seguidor obsesivo de la selección peruana de fútbol. No voy al estadio más que el hincha corriente y, aunque siempre siento esa emoción que pueden despertar los hechos en la cancha, tampoco soy el más efusivo con mis sentimientos. Mi obsesión, que sé compartida y superada por otros, es la de querer saber todo acerca de la selección. Cuando digo todo, tomémoslo lo más literalmente que se pueda. Los partidos, jugadores, técnicos, goles, incidencias, frases, campañas, procesos, eliminatorias, Copas América, Mundiales, torneos amistosos, partidos de preparación, giras, récords, imágenes, revistas, periodistas, rivales, declaraciones de los rivales antes y después del partido, testimonios de lo que hacen los seleccionados en sus tiempos libres cuando juegan afuera, etcétera. Si Perú se enfrenta contra Emiratos Árabes Unidos un miércoles y el cotejo es transmitido a las cuatro de la mañana, a las tres y media ya estoy haciéndome un café y buscando en internet quiénes son los emiratíes que van a jugar. Y después del partido, así el resultado sea un intragable 0-0, me dirijo a revisar toda la información disponible sobre él.

En mi concepción particular del mundo, distingo tres clases de hincha.

Está el que va al estadio con sentimientos genuinos y sigue las eliminatorias partido a partido, pero para quien lo realmente importante es la actualidad. No le interesa quién anotó el tanto de descuento en la goleada que nos hizo Paraguay en Asunción por la eliminatoria para Corea-Japón 2002 (fue Pedro García tras pase de Piero Alva, y no, no tuve que consultar ninguna fuente para saberlo); lo que le importa es quién lo hará en el partido que viene.

Está también el hincha que no solo sigue las eliminatorias, torneos oficiales y eventuales amistosos, sino que además se ha dado un tiempo para averiguar acerca de lo que ocurría con la selección incluso antes de que él naciera, y sabe de Cueto, de Panadero Díaz, de Waldir y de Andrés Mendoza, así como de sus conquistas y caídas. Posee una cultura general sobre la selección entre aceptable y óptima, como la tiene en cualquier otro campo del conocimiento.

Y finalmente está ese que aparece sin aviso, muy de vez en cuando y en los lugares y momentos más insospechados: el compulsivo, el freak, el más solitario e incomprendido. Puedo estar aburriéndome en una reunión llena de extraños, con un trago en la mano sin nadie con quién enlazar un tema de conversación y a punto de irme disimuladamente, pero si escucho de pronto a un invitado hablar sobre la gira de Perú a Hong Kong en 1980, en la que perdimos contra el seleccionado local, entonces sé que estoy delante de uno de los nuestros.

No digo esto como catarsis ni confesión: lo hago porque sé que si no fuera por esa condición que me signa, lo más probable es que nunca hubiera escrito este libro.

*

Este libro lo tenía en mente desde hace mucho. Su concepción se remonta a mis primeros años de universidad, cuando ya era un seguidor de la Blanquirroja formado en base a las ilusiones y desengaños que han sido, para bien o para mal, hitos en mi biografía, tanto como mis enamoramientos, las muertes en mi familia, las mudanzas de casa o los cambios de trabajo. En un cuaderno de tapas rojas que me compré en el primer ciclo de carrera, fui anotando fichas e incidencias de los partidos que Perú iba jugando por esos años. Completaba mis apuntes con recortes de revistas deportivas —esa fue la época del auge de Don Balón, El Gráfico Perú y Once (la mejor de todas ellas), publicaciones que desaparecieron unos pocos años después, incapaces de ganar la lealtad de los hinchas hastiados de eliminaciones y derrotas—, así como de sueltos de periódicos y hasta de las historias y apuntes de los hinchas obsesivos que me iba encontrando. Y claro, mis análisis y comentarios, debidamente insertados al lado de la información recabada. Ese cuaderno no solo sobrevivió a los años, a los lustros y a las décadas, sino que fue creciendo y engordando hasta hacerse espeso, desmesurado e inmanejable. Pero para mí tenía una lógica interna y un orden propio que deseaba hacer accesible para cualquiera y así construir una historia de la selección peruana desde mi experiencia personal. Busqué antecedentes, libros de periodistas y escritores que hubieran llevado a cabo un proyecto semejante y no encontré nada sistematizado ni articulado. A diferencia de lo que ocurre en otros países —hablo de realidades cercanas: Chile, Argentina, Colombia—, nuestras publicaciones futbolísticas carecen de ambición totalizadora, se reducen a manuales ligeros y conjuntos de crónicas heterogéneas que pueden tener páginas valiosas —yo mismo he utilizado algunas de ellas para este libro—, pero que dejan el hálito de lo insuficiente, de lo larval, de lo incompleto. Alguna vez hice esta crítica en una columna que mantengo en un diario, y un gentil y respetuoso periodista deportivo me respondió explicando que la pobreza de nuestra literatura futbolística se debe, en parte, a que es muy difícil acceder a cierta información que está casi perdida inclusive sobre hechos más o menos recientes; como por ejemplo resultados de partidos de la etapa de los campeonatos regionales de mediados de los ochenta y principios de los noventa, aparentemente inhallables por la informalidad y la desidia de sus organizadores (además de que muchos de esos lances eran pactados por fax y no se jugaban). Sorpresa: eso no pasa solamente en el fútbol, sino también en todas las disciplinas, artes y estamentos de nuestra realidad. Si la falta de una correcta recopilación de documentos y evidencias fuera una excusa aceptable para no investigar o escribir, tendríamos que resignarnos a ser un país sin curiosidad ni memoria, cuyos autores y periodistas detuvieran toda pesquisa al primer obstáculo que el internet o las bibliotecas públicas no pudieran resolver. Felizmente no es así, como todos podemos comprobar.

Como dije, mi primera intención fue trabajar una larga crónica acerca de la selección peruana desde mi mirada como seguidor, lo que por restricciones cronológicas y autobiográficas me obligaba a tratar los hechos acontecidos desde finales de los ochenta hasta hoy; es decir, lo que he llamado la época oscura. Pero cuando estaba a la mitad del texto, lo sentí parcial, inconcluso. La razón era muy sencilla: ¿cómo se puede escribir la decadencia de algo sin tratar primero la etapa de auge, gloria y pasión que marque el correspondiente contraste? Esa época dorada debía también ser contada para que el lector pudiera comprender la dimensión de la tragedia que significó el acelerado deterioro del seleccionado nacional, y la delimité entre 1968, año en que Didí asume el cargo de entrenador para el proceso mundialista de México 70 (la primera Copa del Mundo en la que participamos por derecho propio) y 1985, cuando fuimos eliminados del segundo Mundial mexicano e iniciamos una larga caminata en el desierto que finalizaría con la clasificación a Rusia 2018. En ese periodo de esplendor competimos en tres Mundiales, obtuvimos la Copa América de 1975 y pudimos considerarnos la tercera expresión futbolística de Latinoamérica después de los argentinos y los brasileños. Para hablar y entender la negativa conmoción que nos causaron las tribulaciones de los procesos de Popović y de Maturana, hay que narrar primero el aliento épico del triunfo ante Escocia en Argentina 78 o la brillantez de la epopeya del Centenario en nuestro camino a España 82, así como la profunda repercusión social que estas hazañas implicaron en el imaginario de millones de peruanos.

No hay que olvidar los antecedentes.

Nuestro primer Mundial fue en Uruguay, en 1930, y asistimos mediante la indulgente condición de invitados. Los dos partidos que jugamos ahí los perdimos. En el primero enfrentamos a Rumania, un equipo semiprofesional elegido arbitrariamente por su entonces rey, Carol II. Luis de Souza Ferreira marcó en aquella oportunidad nuestro primer gol en esta clase de competiciones. El segundo fue contra el anfitrión, que nos derrotó en el estreno del mítico estadio Centenario por un tanto a cero. En ...