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Noticia

Uno se propone leer un libro con el objeto de reseñarlo, y al abrir sus páginas, de pronto, se encuentra con la violencia, con el abuso, con cuerpos ensangrentados y carbonizados, con el horror estallándole en la cara. Uno se dispone, como todas las semanas, a sopesar méritos formales y de fondo, pero esta vez no puede: es imposible no dejarse arrastrar por el ominoso vértigo de los testimonios sobre mujeres jóvenes remando contra la adversidad, que están a punto de realizarse como personas y de pronto son segadas de esta vida por los celos, por la inseguridad, por la locura de hombres que han sido criados con el convencimiento de que el amor es la posesión del otro, la cosificación de quien se les entrega, la salvaje eliminación de quien ya no quiere seguir con nosotros.

Uno se propone hacer una reseña literaria, pero en el caso de Morir de amor, el último libro de Teresina Muñoz-Nájar (Lima, 1955), la admiración que uno siente va más allá de esos predios. Es cierto que estamos ante una pieza periodística ejemplar y ante una autora de prosa segura, ducha en estructurar un relato que no pierde intensidad ni interés en ningún momento; pero no es solo eso lo que logra que este texto nos consterne tanto y que resulte tan necesario y tan urgente. Hay que sumar a esto la profunda sensibilidad y conocimiento que la autora posee sobre el feminicidio en el Perú, uno de los mayores males que nos acosan y que, debido a un Estado incapaz de actuar con firmeza contra él y a una sociedad donde prima la indiferencia ante el sufrimiento de los débiles y que suele hacerse de la vista gorda con los victimarios, sigue creciendo año a año entre nosotros.

En manos de cualquier cronista promedio este proyecto hubiera sido un compendio de casos escabrosos, seguramente tratados con la estridencia y alharaca que caracteriza a gran parte del periodismo actual: retratar un crimen y agotarlo en el morbo que este genera. Muñoz-Nájar, profesional con décadas de experiencia, tiene el gran acierto de presentarnos una serie de hechos terribles pero narrados con sobriedad y empatía con las víctimas y sus familiares, y con ellos dar pie a comentarios debidamente documentados acerca de lo que es el feminicidio, las estadísticas ?todas ellas escalofriantes? sobre el asesinato de mujeres en nuestro país y los muchas veces frustrantes mecanismos legales a los que se enfrentan quienes reclaman un poco de justicia.

Así, Morir de amor trasciende esa facilista costumbre que se ha hecho vicio entre nosotros ?compilar un puñado de perfiles vagamente hermanados entre sí y conferirles una forzada unidad? para presentarnos un libro breve, pero que resulta una completa y enjundiosa guía acerca de todas las caras y aristas de las que consta el feminicidio, sus consecuencias, sus causas y los estudios que se han realizado sobre este tema aquí y en el extranjero, así como las medidas de prevención que hemos adoptado y la negligencia con la que muchas veces las hemos despreciado. Un ejemplo entre muchos: en el 2011 la gestión municipal de Susana Villarán implementó un programa llamado ?Oye varón, aprende a vivir sin violencia?, que a pesar de los frutos que estaba brindando fue desmantelado por el actual alcalde, Luis Castañeda, sin razón alguna. Es difícil no indignarse por tanta desidia.

Morir de amor no es solo una lección periodística, sino un libro imprescindible para tomar conciencia de una realidad que no queremos encarar, porque muchas veces nos compromete como cómplices o como culpables por omisión: miles de mujeres sufren violencia de todo tipo entre nosotros, todos los días, y hemos preferido creer que son excepciones a la regla o, peor aún, cubrir estos hechos con el manto de la normalidad. Teresina Muñoz-Nájar, con oficio y coraje, nos ha mostrado en toda su horrible extensión una realidad dolorosa y que estamos obligados a cambiar. Y debemos agradecerle por ello.

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