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MONóLOGO DESDE LAS TINIEBLAS

Antonio Gálvez Ronceros

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Fragmento

Así dile

Dile quél no sabe agadá lampa, que su cintura se quierba como carizo pordrido y se le ariscan la mano como la jeta del buro. Que nunca se viun hombe que le recule al deyerbe. Dile que no endereza yunta, que la yuntas lo empujan a él, que se van ponde quieden y lo surco le salen pura culeirba torcida. Dile que tampoco sabe regá, que lagua en su mano es agua cruzá que se le ecapa e lo surco anegando el sembío y haciendo un charco temendo. Que la semía abre su brote pa que levante y derame su jruto, no pa ponese a nadá. Y dile tamién que su plantas se pasman, quiandan chamucá y encogía poquél no sabe ninguna cosa e gusano: quialo gusanos no se le buca de día sino de noche, poque de noche comen ariba e la planta y de día sentieran pa comé po abajo. Así dile. Y que ya e tiempo que sepa que lagua, el gusano y la yunta no mandan: quien manda es el hombe. Dile tamién que no sabe epantá pájaro, que lo pájaros andan en mancha metío en su cerco demuelándole el mai, riéndose dél, ensuciándose en su cabeza. Dile quel camote de su cerco e desabrío, el mai una boca sin muela, la yuca una raí flaca, el frijó purito cuco. Así dile. Dile que su mujé cocina a la diabra el frijó. Que esa mujé mete al fogón palo verde, se le va el día bucando candela entre el humo amarío, su frijó ta recién a la cinco e la tarde. Dile quia ella tamién se le quema el frijó, poque no sabe ecogé palo seco, ni mudá elagua que yerve, ni llevá candela pareja. Dile que esa mujé e fea, que la tarjeron al mundo mucho animale a la vez: que tiene pecuezo e culeirba, pata e gaína, pellejo e lagarto, ojo e grío, jeta e bura, bigote e muca. Así dile. Dile que su suedra esuna burja, que vuela lo vierne de madrugá. Dile que esa vieja se vuerve un pavo gandazo y, trus, trus, sale a tanteá po lo techo, baja a lo corrale, ecarba la tiera, hace un hoyo, se orina, lo entiera y dice: «Ya ta el daño». Que si no, que pegunte nomá a cualquieda diónde e su suedra: sabrá que vino de Campo Alere, tiera de gente dañera, que dan cochiná a los hombe pa que se vuervan cojú. Y dile tamién que si quiede sabé sin engaño po qué un día su suedra amaneció cojarastraa con la cadera quebrá, tendrá que hablá con Cosme Fonseca. Entonce sabrá que Cosme Fonseca regaba un brote e frijó esa madrugá y oyó que diun arbo se reían dél, con risa de mujé fregá; que Cosme Fonseca, acotumbrá a oí en la noche toa clase e ruido pero nunca burla ni meno contra su persona, agadó y liaventó una pedrá a la risa, que del arbo dijeron ¡ay! y la risa paró y se vino abajo con too. Pero que en vez de mujé, Cosme Fonseca vio caé un pavo como nunca siabía vito, gandazo, del tamaño diun buro, que aletiaba y que pa ecapase siarastró un güen trecho, creciendo y achicándose como lo cojos, y depué se levantó del suelo y se jue volando. Dile que si esa piera de Cosme Fonseca hubiera caído má aribita, su suedra esa vez no hubiera amanecío coja sino mueta. Y dile asimimo que no jue de aire quel pecuezo de Cosme Fonseca vino a torcese mese depué. Dile que jue daño que le hizo en venganza su suedra, esa mujé cacho deriabro y cara mordía puel buro, burja de Campo Alere, que dedese día tiene a Cosme Fonseca su cabeza mirando pa un lao y su cuepo en direción del oto, como sial caminá Cosme Fonseca se juera a la vez po do sitio. Así dile.

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Y dile tamién quél no sabe criá a susijos, que susijos no repetan gente mayó, que hablan lisura derante e la gente, que se orinan e la pueta e las casas, que se econden detrá diuna tapia pa gritá sobenombe, que apuetan entrellos quién orina o ecupe má lejo y ensucian a la gente que pasa, que se tan calladito al borde el camino eperando que pase la gente pa tirá su ventosedá. Dile que esosijos son cimarone, quiandan haciendo daño en lo cerco, que pisan lo brote, que tumban lo palo e lo borde, que sueltan elagua pa que aniegue el sembío, que hacen candela en lo cerco pa asá lo camote que roban, que meten en la candela sapo y culeirba vivitos pa ve cómo se hinchan y cómo revientan, que cortan la jruta verde, que quierban por guto la rama hata dejá la planta pelá. Dile quesosijos son una miera, ni má ni meno quel basilisco, que joren a too el mundo, que pisan la cola a lo perros que duermen, que matan poíto por guto, que hincan con palo el ojete e lo buros, que avientan ceniza en la matadura e la mulas, que andan haciendo peliá alacrane, que paran detripando sapo a punta e pedrá, que andan desenganchando perros con un palo, que tiran palazo a la bola e los buros pa quitale la gana de hacé su cría. Así dile. Y dile tamién que no sabe curá matadura e buro ni curá matadura e mula, que su mula y su buro andan jodíos, que se pasan el tiempo latiguiándose con la cola el lomo pa epantase lo tábanos, que caminan medio agachao, que andan mirando pa tras, que viven calientes con él, que quisiedan hablá pa decí cosas feas, que ya lian perdío el repeto, que quieden tené otro dueño. Dile que sus perros tamién andan jodíos, que tan con caracha, que andan flacos, que paran mascando pieras, que ya no tienen diente, que no pueen ladrá, que quieden volvese locos, que tamién quieden irse… Y dile que nue necesadio quiun hombre vaya a decile toa etas cosas a él, poque a él lian perdío el repeto hata susanimale. Así dile.

Burra negra

Por el callejón de Condorillo pasaba una negra montada en una burra. La negra iba peleando con el animal y, ¡chajuí!, ¡chajuá!, le golpeaba las orejas con una rama.

—¡Arza, bura! —le decía— ¡Arza te digo, bura mardrita!

Más adelante le dijo:

—¡Bura negra!

Salí de mi huerta a mirar y vi que la burra era blanca.

Rezador

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